DOS OBISPOS ARROPADOS

Si no me equivoco, es la primera vez que en la catedral de Santiago de Chile son consagrados dos obispos al mismo tiempo. Ellos son Galo Fernández y Fernando Ramos, ambos del clero secular de la arquidiócesis. Nos alegramos y tenemos esperanzas fundadas en que serán buenos pastores en su servicio eclesial. Galo ha estado en la pastoral directa y ha demostrado que es hombre de calle. Fernando es un académico con muchos años en Roma y que hasta ahora ejercía como rector del seminario metropolitano. La revista MENSAJE al informar sobre estos dos nombramientos puso en sus páginas las fotos de los nuevos obispos: Fernando Ramos con su traje negro y un destacado cuellecito clerical. Galo Fernández, en mangas de camisa. Pudo ser casualidad. Pudo ser también una fina presentación pensada por la revista, que al fin y al cabo, es jesuita.
De los dos, el pueblo de Dios espera que sean pastores según el corazón de Dios.
Lo que da que pensar es la estructura de la ceremonia de ordenación episcopal: a los nuevos pastores se les coloca encima demasiada ropa: a su sotana con botones de color violeta, faja morada y esclavina, en la ceremonia se le añade roquete, amito, alba, casulla, solideo, anillo, cruz pectoral y mitra.
Demasiada ropa para poder trabajar en la viña de Dios. Porque cuando alguien quiere trabajar en la viña o en el campo, lo primero que hace es aligerar la vestimenta y sacarse hasta la camisa para agarrar con más libertad la pala y la azada.
Entonces…causa bastante preocupación que la liturgia de las ordenaciones episcopales conserve aún tanto del armario de los sumos sacerdotes y tan pocos signos de pertenencia al pueblo con el cual los obispos son cristianos y al que se deben entregar como pastores.

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