NUNCIOS CON HISTO(¿E?)RIA.

Los Nuncios apostólicos son Legados pontificios que tienen dos funciones: representar al Estado Vaticano ante los gobiernos de otros Estados nacionales siendo embajadores, y representar a la organización iglesia católica con sede en el Vaticano ante las iglesias locales. En este sentido a los Nuncios les corresponde informar a la curia romana acerca de las condiciones en que están las iglesias particulares (obispados); también dar ayuda y consejo a los obispos sin interferir en la potestad que ellos tienen, y mantener frecuentes relaciones con la Conferencia Episcopal. Una labor importante es, igualmente, trasmitir y proponer a la Sede Apostólica el nombramiento de nuevos obispos.
En este último punto los Nuncios reciben un listado de nombres propuestos por la Conferencia Episcopal, escoge una terna de candidatos y recomienda a alguno de ellos. Desde Roma dirán la última palabra. Sin embargo ha habido casos en que los Nuncios han actuado por cuenta propia y han recomendado clérigos en los que la Conferencia Episcopal nunca pensó. En Chile se han dado casos pocas veces felices y muchas veces lamentables. El poder de los Nuncios, según un obispo local, “es omnipotente”.

El primer Legado pontificio que pisó nuestro suelo fue don Juan Muzzi en tiempos de la independencia nacional. Al parecer fue una petición de Bernardo O’Higgins pero el Legado llegó cuando O’Higgins ya había partido al destierro. El siguiente gobernante, don Ramón Freire, era de pensamiento liberal y tomó ciertas medidas que Muzzi no pudo aceptar: el destierro del obispo de Santiago, la confiscación de bienes eclesiásticos. El Legado pontificio se volvió a Roma tras un viaje largo e inútil.
Los Legados pontificios estables empezaron a figurar en el país recién en 1908.
El primero de ellos fue un fracaso. Don Enrique Sibilia. Ya había pasado en cargos secundarios por Colombia, Brasil y España. Hombre un tanto intransigente en lo que consideraba sus derechos, exigía preeminencias en el trato social y no entendió el momento que vivía el país, a pesar que en su escudo episcopal se leía: “prudente como serpiente”. Estuvo entre los años 1908 y 1914 y debió salir de Chile por presión popular: se le consideraba proclive a la causa peruana en las discusiones sobre Tacna y Arica, y de tener poco tino en sus exigencias diplomáticas. Los que llevaron la iniciativa en el rechazo a su persona fueron los estudiantes universitarios laicos. En una ocasión su sombrero le fue arrebatado en una manifestación y se vio a un burro con capelo recorriendo las calles céntricas de la capital. Se tuvo que volver a Roma en 1914 y estuvo diez años en labores menores en el Vaticano. Veinte años después lo repusieron en un cargo de Nunciatura (en Austria) en 1935 fue incluso creado cardenal. No debió tener buenos recuerdos de Chile.

El primer Nuncio oficial fue Sebastián Nicotra (1917-1918) quien permaneció en el país poco más de un año. Fue trasladado a la nunciatura en Bélgica.

El segundo Nuncio estuvo desde 1919 a 1927: fue don Benedicto Luis Masella. Le correspondió actuar en las conversaciones que culminaron con el acuerdo entre el Presidente de la República, Arturo Alessandri, con el Secretario de Estado Vaticano, en orden a firmar la separación de la Iglesia del Estado. Ese solo acontecimiento habría bastado para destacarlo como Nuncio inteligente y con futuro. De hecho, tras la nunciatura en Chile estuvo en igual cargo por 18 años en Brasil y de ahí pasó a Roma como cardenal para ocupar altas responsabilidades eclesiales.
En Chile, tras la separación Iglesia-Estado en que el gobierno dejó de intervenir en el nombramiento de los obispos, a él le tocó presentar a Roma los nombres de los pastores de las nuevas diócesis que se crearon. Recomendó a sacerdotes muy dignos: Melquisedec del Canto, Miguel León Prado, Rafael Lira y Carlos Labbé, del clero secular. Y los religiosos Arturo Jara (salesiano) y Ramón Harrinson (mercedario).

El tercer Nuncio fue Ettore Felici, entre 1927 y 1938. Trabajó con empeño por establecer un Concordato entre el Vaticano y Chile, asunto que no prosperó y que lo llevó a disgustarse con el anciano arzobispo de Santiago don Crescente Errázuriz. No se entendieron. Opiniones de gente de la época tildaban al Nuncio de arribista. Le correspondió presentar al Vaticano los nombres de nuevos obispos, casi todos ellos marcadamente conservadores en un país que estaba a punto de ser gobernado por el Frente Popular, de corte socialista. Los obispos nombrados fueron: Guido Beck de Ramberga (capuchino alemán), Teooro Eugenín (de los Sagrados Corazones), Bernardino Berríos (franciscano), José Horacio Campillo (para arzobispo de Santiago), Alfredo Cifuentes, Ramón Munita, Alfredo Silva Santiago, Juan Subercaseaux, Jorge Larraín Cotapos, Eduardo Larraín Cordovez y Manuel Larrain Errázuriz.
Tres “Larraínes”, apellido de la alta burguesía nacional, y dos meritorios presbíteros que eran hijos de los políticos conservadores más influyentes (Campillo y Cifuentes) demostraban la mentalidad del Nuncio.
Sin embargo tiene a su haber el lograr, en 1933, detener una pastoral colectiva del Episcopado nacional apoyando la tesis del ultramontano obispo de Concepción, don Gilberto Fuenzalida, quien defendía la obligatoriedad de todo católico de pertenecer al Partido Conservador.
En 1938 fue trasladado a Yugoeslavia.

El cuarto Nuncio fue Aldo Laghi, entre 1938 y 1942. A él le tocó la difícil tarea de convencer al arzobispo de Santiago, don José Horacio Campillo, que era mejor retirarse del cargo; el Frente Popular había triunfado en las elecciones. La clase privilegiada, las fuerzas armadas y el alto clero temían que se cayera en lo que estaba sucediendo en España. Además, en Chile, el presidente electo, don Pedro Aguirre Cerda, era masón y pertenecía al Partido Radical, apoyado por toda la izquierda.
Alejado el arzobispo Campillo por renuncia “voluntaria” llegó a Santiago don José María Caro. El Frente Popular pidió a Roma el cardenalato y con él se preparó y celebró el Congreso Eucarístico Nacional con altar levantado frente al palacio presidencial. ¡Cosas que al parecer solamente se dan en Chile!
Los obispos elegidos en el período del nuncio Laghi fueron: Augusto Salinas (de los Sagrados Corazones), Francisco Javier Valdivia (quien renunció al obispado antes de ser consagrado), Hernán Frías, Arturo Mery, y Pedro Aguilera Narbona quien al momento de ser consagrado obispo contaba solamente con 31 años y un mes.

El quinto Nuncio, Mauricio Silvani (1942-1946) venía de Haití y República Dominicana. Dejó en Chile el recuerdo de ser un hombre muy conservador, piadoso hasta ser “pechoño”, alérgico a todo lo que oliera a catolicismo social y un tanto impertinente, lo que demostró al calificar a san Alberto Hurtado como “cura rojo” por su dedicación a los pobres. En su tiempo fueron designados obispos Pío Alberto Fariña y Cándido Rada (salesiano), quien fue elegido para Ancud, después trasladado a Punta Arenas a donde nunca llegó, y al final terminó como obispo en Ecuador.

El sexto Nuncio, Mario Zanin, (1947-1952) fue un hombre piadoso y enfermizo que dejó buenos ejemplos. Le correspondió también una época sin turbulencias en las relaciones Iglesia-Estado. En su período fue designado solamente un obispo: Vladimiro Boric (salesiano). Zanin pasó a la nunciatura en Buenos Aires y allí falleció cinco años después.

El séptimo Nuncio, Sebastián Baggio (1953-1959), quien ha sido, quizá, el funcionario vaticano más importante por su actividad y su personalidad. Como todos los anteriores, su primer destino oficial como Nuncio fue asumir esa responsabilidad en Chile. A sus cuarenta años llegó con toda la energía de un hombre que ya había desempeñado funciones en varios países de América latina. Coincidió en el país con la efervescencia política que ya se manifestaba con el crecimiento de la Democracia Cristiana, con la que el Nuncio se comprometió abiertamente. Los líderes y la juventud de ese Partido tuvo en el Nuncio un amigo de confianza. Siguiendo esa línea, los obispos designados en esos años fueron, varios de ellos, proclives al centralismo político: Eladio Vicuña, José Manuel Santos, Francisco de Borja Valenzuela, Emilio Tagle, Bernardino Piñera, Juan Francisco Fresno, Alberto Rencoret, Alejandro Durán, Raúl Silva Henríquez (salesiano), Guillermo Hartl (capuchino), Antonio Michelatto (servita), y César Vielmo (servita) quien vino desde Italia en 1959 directamente para asumir un obispado y falleció tres años después en un accidente aéreo.
El Nuncio Baggio, no contó con la simpatía del presidente Jorge Alessandri y pasó después a Canadá, a Brasil y fue creado cardenal. Le tocó presidir la III Conferencia episcopal latinoamericana en Puebla, México. Falleció en Roma como Camarlengo de la Iglesia romana.

El octavo Nuncio fue Opilio Rossi (1959-1961) quien estuvo solamente dos años en Chile. Fue el primer Nuncio nacido fuera de Italia, pues era originario de USA, aunque por familia y por adscripción canónica siempre perteneció a Italia. Hubo solamente un nombramiento episcopal en su período: Manuel Sánchez. Pero a él le tocó hacer el “enroque” de Raúl Silva Henríquez,(de Valparaíso a Santiago) y de Emilio Tagle (de Santiago a Valparaíso). Una operación muy fina y acertada como se vería años después. Dejó fama de hombre amable. De Chile pasó a la nunciatura de Austria y posteriormente fue creado cardenal.

El noveno Nuncio, Gaetano Alibrandi (1961-1963), también estuvo solamente un par de años en el país. Sin embargo en su tiempo promovió a ocho obispos: Francisco Javier Gilmore, Enrique Alvear, José Luis Castro, José del Carmen Valle, Raúl Silva Silva, Bernardo Cazzaro (servita), Carlos Oviedo Cavada (mercedario), y Luis Yáñez, un franciscano apóstol social, fundador del Sindicato de Lustrabotas de Santiago, de la Agrupación de Floristas de La Pérgola, de la Unión de Empleados de Comercio, y Capellán de la Asistencia Pública.
Alibrandi pasó desde Chile a la nunciatura en El Líbano.

El décimo Nuncio fue Egano Righi-Lambertini (1963-1967). Le tocó el período de gobierno de la Democracia Cristiana y al parecer no tuvo grandes asuntos que tratar. En los nombramientos de obispos tuvo en cuenta la petición expresa del Cardenal Raúl Silva H, por lo menos en dos casos. Los obispos electos fueron: Polidoro Van Vlierberghe (capuchino), Gabriel Larraín, Sergio Contreras, Ramón Salas (jesuita), Carlos González, y Fernando Ariztía.

El décimo primer Nuncio fue Carlo Martini (1967-1970), quien venía trasladado desde Filipinas. Terminó su misión en Chile dos meses antes del triunfo de Salvador Allende. En su período fueron nombrados obispos Carlos Camus, Orozimbo Fuenzalida, Jorge Hourton e Ismael Errázuriz.
Martini había salido de Chile en julio de 1970 y a los pocos días se supo de su nombramiento en Méjico. No regresó a Chile para despedirse y tampoco recibió la tradicional condecoración del gobierno.

El décimo segundo Nuncio fue el español Sotero Sanz Villalba (1970-1977). Le tocó un tiempo encrespado. El triunfo de la Unidad Popular en las elecciones presidenciales, con Salvador Allende iniciando el camino hacia el socialismo debió poner al Nuncio en estado de alerta. Tras el golpe militar actuó con prudencia y condescendencia, quizá demasiada, no creyendo que la dictadura instaurada fuera de larga duración, como lo fue. Dejó buen recuerdo en las ayudas pastorales que hacía en parroquias, pero su labor diplomática pareció a muchos como contemporizadora con los nuevos gobernantes que se tomaron el poder.
En su período accedieron al episcopado Sergio Valech y Juan Luis Ysern.
Trasladado a Méjico no llegó a asumir esa nunciatura por enfermedad y falleció en Santiago a comienzos de enero de 1978.

El décimo tercer Nuncio fue Angelo Sodano (1978-1988). Le tocó en Chile el período de la dictadura militar con la cual, aparte de un par de episodios enojosos, tuvo buenas relaciones. Para muchos fue un hombre demasiado engreído y autoritario, con quien el cardenal Raúl Silva no pudo entenderse. Sus intromisiones en la Conferencia episcopal eran notorias. Los nombramientos episcopales de su época fueron, sin embargo, matizados seguramente por exigencias de los obispos que al pedir auxiliares para sus diócesis imponían un nombre por encima de la recomendación del Nuncio. Así: Alejandro Jiménez, Alejandro Goic, Manuel Camilo Vial, Pablo Lizama y Patricio Infante. También fueron consagrados Tomás González (salesiano), Francisco Cox (schoensttatiano), Sixto Parzinger (capuchino), Juan Herrada (mercedario), Javier Prado (sagrados corazones), Miguel Caviedes, Joaquín Matte, Jorge Medina, Antonio Moreno y Adolfo Rodríguez, el primer obispo del Opus Dei en Chile.
Igualmente actuó en la difícil sucesión del cardenal Raúl Silva en Santiago. Hay voces que en la terna que debió enviar a Roma en lugar de escribir tres nombres de posibles candidatos, escribió tres veces: Fresno, Fresno, Fresno. Efectivamente, poco después llegaba el nombramiento del arzobispo de La Serena, Juan Francisco Fresno, como nuevo arzobispo de Santiago.
Tras su servicio en Chile por diez largos años, en donde para muchos dejó un recuerdo muy negativo, asumió en Roma cargos de alta responsabilidad al ser creado cardenal.

El décimo cuarto Nuncio fue Giulio Eunaudi (1988-1992). Fue el Nuncio de la transición hacia la democracia recobrada en 1990. Observador de la realidad eclesial, al parecer se dio cuenta que se necesitaban aires más sanos que purificaran el período anterior en el nombramiento o traslado de obispos. Así se dice que para ocupar la sede arzobispal de Concepción, vacante por la renuncia de José Manuel Santos, envió a Roma una terna en la que figuraban Alejandro Goic, Sergio Contreras y Fernando Ariztía: todos ellos podrían ser buenos continuadores de la orientación que Santos, como arzobispo, y Goic como obispo auxiliar, habían logrado en esa zona. La terna fue rechazada por Roma. Envió una segunda terna que también fue rechazada. El anterior Nuncio, Angelo Sodano, que ya había escalado cargos importantes en Roma, y al que se le consultaba en el nombramiento de obispos en Chile, ya había designado su candidato: el obispo Antonio Moreno, que asumió en 1986, ante la perplejidad de la propia diócesis. Los nuevos obispos de su período fueron: Enrique Troncoso, Felipe Bacarreza, Rafael de la Barra (verbo divino), Aldo Lazzarin (verbita), Luis Gleissner (Opus Dei), y Cristian Contreras Molina (mercedario).

El décimo quinto Nuncio, Piero Biggio, estuvo entre 1992 y 1999, dejando fama de hombre bueno. Conocía la realidad chilena pues había sido ayudante en la nunciatura en Santiago entre 1971 y 1974. En su período fueron nombrados obispos cuatro religiosos: un jesuita, Renato Hasche; un salesiano, Ricardo Ezzati; y dos de los Sagrados Corazones; Manuel Donoso y Gonzalo Duarte. También se empezó a sentir la fuerte influencia del cura Fernando Karadima, quien desde su baluarte de la parroquia burguesa de El Bosque vio convertidos en obispos a tres de sus discípulos: Horacio Valenzuela, Juan Barros y Tomislav Koljatic.

El décimo sexto Nuncio fue Luigi Ventura, quien permaneció en el país solamente dos años y medio, entre el 1999 y el 2001, tiempo en que fueron nombrados obispos el de Aysén, Luigi Infanti, (que por ser Vicariato apostólico dependiente de Propaganda Fide se le escapó al todopoderoso Angelo Sodano), el claretiano Gaspar Quintana y otro más del clan del cura Karadima: Andrés Arteaga.

El décimo séptimo Nuncio fue Aldo Cavalli, entre 2001 y 2007. Dejó fama de ser un hombre asequible, amable y buen catequista. Los nombramientos episcopales en su período fueron numerosos: Entre los religiosos: uno de los Siervos de María, Juan Agurto; otros dos salesianos, Héctor Vargas y Bernardo Bastres; uno del Verbo Divino, Carlos Pellegrin. Y entre los seculares fueron nombrados Santiago Silva, Ignacio Ducasse, Guillermo Vera, Cristian Contreras Villarroel, René Rebolledo, Marco Ordenes y Fernando Chomalí. También un segundo obispo Opus Dei en el país, Juan Ignacio González.

El décimo octavo Nuncio fue Giuseppe Pinto, entre 2007 y 2011, un hombre que no aportó algo digno de tener en cuenta, además de ser un desconocido en las diócesis del país. Los nombramientos episcopales de su período fueron solamente dos: un religioso del Verbo Divino, Patricio Vega, y un sorpresivo nombramiento para el obispado de Villarrica, ya que se escucharon voces que, tras una auditoría llevada a cabo por miembros del Opus Dei, logrando saldar las cuentas pendientes, se puso como pastor a Francisco Steigmeier, un duro del ala más conservadora del clero nacional.

Así se llega al décimo noveno Nuncio, Ivo Scapolo, quien llegó al país el año 2011. Ha sido un constante visitador de las diócesis, ha podido tomar el pulso al ambiente clerical y se ha acercado a las bases. Hombre demasiado lerdo para ir supliendo las vacancias episcopales, ha preferido el traslado de obispos y solamente se han designado cinco prelados nuevos: el capuchino Celestino Aós, y los presbíteros todos del clero de Santiago, Galo Fernández, Pedro Ossandón, Moisés Atisha y Fernando Ramos. Quedan aún sin pastor propio Calama y el obispado Castrense. El recambio mayor se dará en los dos años siguientes cuando deban presentar su renuncia, por edad, Alejandro Goic (Rancagua), Pablo Lizama (Antofagasta), Gonzalo Duarte (Valparaíso), y Ricardo Ezzati (Santiago).
Importante será la actuación del Nuncio. Lleva solamente tres años y medio en este cargo. Su actuación investigando a tres sacerdotes de mucho arraigo popular por sus declaraciones que denotaban mente abierta y sentido pastoral, hecho que produjo revuelo nacional, y últimamente la promoción de un obispo cuestionado por su cercanía con el Pbro. Fernando Karadima, un gurú religioso condenado por el Vaticano por conductas inmorales, han sido dos hechos que han marcado negativamente al Nuncio Scapolo.
Veremos qué nos aguarda el futuro.

Este artículo fue escrito en Catalejos. Enlace Permanente.

2 Respuestas a NUNCIOS CON HISTO(¿E?)RIA.

  1. Pepe dijo:

    pepe
    claretianos
    pepecabrerufatt@gmail.com
    186.37.202.253
    Enviado el 18/01/2015 a las 21:04
    Pepe:
    Qué buen compendio histórico de los nuncios en Chile. Te felicito.
    De tu reporte saco las siguientes observaciones:
    – El tristemente célebre, Angelo Sodano, fue el segundo nuncio con mayor permanencia en Chile; 10 años. Tiempo suficiente para desandar el concilio en Chile.
    – La carrera al cardenalato, cúspide de la marathon eclesial, comenzaba con la carrera diplomática de los nuncios.
    – Es clara la irrupción del Opus Dei en el episcopado con la ayuda de don Angelo.
    – Los nuncios no son pastores, son burócratas de la fe.
    Un abrazo,
    Marco A. Velásquez U.

  2. Francisco Javier Araya Navea dijo:

    Mons. Cirilo Polidoro van Vlierberghe Obispo Prelado de Illapel no fué capuchino sino FRANCISCANO (Custodia San José Padres Franciscanos Belgas).

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