La preocupación del cardenal Sarah.

Tener al cardenal Sarah, un hombre de Guinea que fue nombrado arzobispo a los 34 años, como Prefecto o Director de la Oficina encargada de las celebraciones litúrgicas en todo el mundo, ha sido una calamidad, al parecer de muchos.

Sus propuestas para que las misas vuelvan a ser de espaldas a la comunidad reunida y siempre dirigiendo las oraciones y los signos de culto hacia el oriente…ya no tienen mucho asidero en la realidad de las liturgias actuales.

Ya el papa Pablo VI había señalado que la forma ordinaria de celebración de la eucaristía debe ser de cara al pueblo. Fue Benedicto XVI quien más tarde permitió la celebración en el estilo antiguo, en ciertas ocasiones.

La santa cena que Jesús pidió fuera celebrada por sus amigos como memorial de su pasión por la humanidad, ha tenido a lo largo de la historia un esquema bastante hermético que ha fosilizado algunas formas, palabras y gestos tratando de salvaguardar el modelo original.

Pero el modelo original es bien distinto a la celebración de las misas actuales.

Desde luego, la santa cena se realiza alrededor de una mesa o quizá un mantel extendido sobre el piso, donde Jesús y sus amigos la compartieron acomodados en unos almohadones de arpillera rellenos con plumas de gallinas o simplemente de arena. No había había tenedores ni otros elementos de cocina. Se comía con la mano sacando todos de una misma fuente o untando en salsas los trozos de pan, sin migas. Los pelotones de migas se empleaban solamente para limpiarse las manos o secarse el sudor. Después se tiraban a los perros.

Todos bebían de unas grandes copas que pasaban de boca en boca. Si las comidas tenían alguna importancia social, eran acompañadas de grupos de bailarinas que se contorneaban según el tintineo de las pequeñas campanillas que llevaban atadas a sus tobillos.

Como los evangelios dan versiones distintas a la última cena de Jesús con sus amigos, no se sabe cómo celebraron su amistad. Los datos que aparecen en en Nuevo Testamento no son producto de una crónica ni de un relato para rescatar la historia, sino una catequesis para las comunidades para animarlas en la fe.

Cuando esas comunidades- su jerarquía- se convirtieron al imperio de Constantino tomando sus ritos, sus liturgias, sus grandiosidades, sus vestimentas, su estilo magnífico, evidentemente la santa cena pasó a ser una celebración distinta. Perdió sencillez, perdió cercanía, perdió “alma” para convertirse en un rito de corte imperial.

Pasar de las catacumbas a los grandes templos, de la mesa familiar a los altares, desvió totalmente el sentido original.

En el medioevo y en los tiempos de cristiandad, las catedrales y los templos deberían tener sus puertas y su fachada dirigida al oriente: era un recuerdo expresivo por el que la comunidad reconocía la cuna de sus creencias.

Los tiempos cambiaron. Los pueblos también. Lo que importa en una iglesia misionera es mantener las líneas matrices y celebrar su fe, colaborar en la esperanza y aunar esfuerzos con creyentes y no creyentes para construir un mundo habitable, fraterno y solidario. Otro mundo es posible. Otra iglesia también.

La tarea es anunciar y trabajar según el evangelio de María, la madre de Jesús: testimoniar la alegría que nace cuando los poderosos son aventados de sus posiciones privilegiadas y los empobrecidos se levantan para exigir sus derechos en la gran mesa social.

Ante todo este panorama de un mundo que palpita por más justicia, más equidad, más libertad, más fraternidad, las preocupaciones del señor cardenal Sarah quedan bastante fuera de foco. A nadie le importa que los templos tengan las puertas hacia el oriente. Lo que importa es que estén abiertas para recibir a los que llegan en busca de un abrazo, y para salir en busca de los que andan derrotados por la vida.

 

 

Este artículo fue escrito en Catalejos. Enlace Permanente.

Una respuesta a La preocupación del cardenal Sarah.

  1. Francisco Sandoval dijo:

    La liturrgia es uno de los campos mas cuadrados dentro de la Iglesia, haber logrado lo que se hizo con el concilio Vaticano II es el resultado de una acción clara del espiritu santo y de tener una Iglesia preparada para dar este salto. Volver atras o seguir adelante, va mas alla de voluntades papales o cardenalicias, o de la comision de liturgia, muchos intentos han habido de reorganizar ciertos aspectos de la liturgia, que al parecer de algunos quedaron pendientes, y poco se ha podido hacer.

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