Otro latinoamericano en la cúpula eclesial.

Con la elección del venezolano Arturo Sosa como superior general de los Jesuitas se instala en la cúpula eclesial otro latinoamericano: el llamado “papa negro” (por la importancia de los jesuitas en la iglesia) se suma al “papa blanco” como es el obispo de Roma, el argentino Jorge Bergoglio.

Próximo a cumplir los 68 años, Arturo Sosa tiene un historial ligado a la docencia y la investigación, con un doctorado en ciencias políticas.

Sería redundante comentar la importancia de la Compañía de Jesús en la vida eclesial y también en la configuración social en el mundo occidental y aún más allá. Pero recordar algunos hitos en la historia aunque sea a modo de pincelazos, nos hace ver que estamos ante una organización con una estructura granítica que le ha hecho superar embates formidables.

En su historial, la institución creada por Ignacio de Loyola con el nombre de “Compañía de Jesús” ha habido de todo. Por algo un escritor ácido y conservador, Salvador Valdés, lanzó una vez un libro agresivo en contra de esa comunidad y que tituló: “La Compañía de Jesús, ¡ay, Jesús, qué compañía!”

Durante cuarenta años fueron perseguidos incluso por la jerarquía católica. El papa Clemente XIV, quien había sido alumno de colegios jesuitas antes de ingresar a la Orden Franciscana, puso la firma para la supresión de los jesuitas en todo el mundo. Era en al año 1773.

De inmediato, Francia y España, países que habían solicitado esa medida para apoderarse de los bienes y espacios que los hijos de san Ignacio habían adquirido con buenas y malas artes, le regalaron al Papa los territorios de Avignon, el condado venesino, y Benevento.

Refugiados al amparo de Catalina de Rusia, los jesuitas supieron esperar que pasara el aluvión. Tenían a su favor lo que el sociólogo Lowley señala como los cuatro pilares de su éxito como instituto religioso y como organización empresarial: 1) el conocimiento de sus valores, sus fortalezas y debilidades ante un objetivo claramente establecido. 2) El empleo del ingenio para superar el estancamiento y ubicarse en un mundo pluricultural siempre en cambio. 3) El saber mantener el liderazgo basado en los abrazos más que en las amenazas; es decir, manifestar una actitud de comprensión y de cercanía a personas y situaciones humanas. Y, finalmente, 4) establecer como norma de vida las aspiraciones incluso heroicas, sabiendo que el futuro no se espera sino que se construye.

Una organización así, con una filosofía práctica y aterrizada, llegó con la invasión europea a tierras de América, con cincuenta años de retraso respecto a las cuatro órdenes religiosas clásicas: mercedarios, dominicos, franciscanos y agustinos. Sin embargo, a los pocos años, ya tenían ganado buen prestigio, a la par de territorios, familias, influencias y haberes. Además superaban a las otras corporaciones religiosas en agilidad, organización e inventiva. Las misiones jesuíticas en Paraguay y parte del territorio del Chaco argentino, llegaron a ser un ejemplo de una estructura con elementos democráticos en una sociedad piramidal, arribista y burguesa en los tiempos coloniales.

Como ex profesor de la cátedra de Historia de las Ideas Políticas de Venezuela, el nuevo superior general de los jesuitas conoce, sin duda, todo ese pasado.

Si un jesuita italiano, Mateo Ricci, llegó a ser consejero privado del emperador de China hace cuatrocientos años no es de extrañar que otro haya sido gobernador-interventor del reino de Chile (Luis Valdivia), otro se haya autocalificado como “esclavo de los negros. Efectivamente Pedro Claver llegó desde España a Cartagena de Indias y puso su vida al servicio y defensa de aquellos de los que los teólogos de la época discutían si tendrían alma humana.

  • Ahora el nuevo superior general tiene que conducir a su instituto frente a nuevos desafíos. Y el aporte que puede entregar un latinoamericano para navegar en las aguas tumultuosas del siglo XXI debe ser un elemento muy positivo a la hora de visualizar la meta más allá del oleaje. La línea de conducción que impulse será de importancia fundamental: una orden religiosa con prestigio, poder, influencias y programa definido, tiene mucho que aportar en la defensa de los empobrecidos, en la dignidad de los marginados, en la fortificación del compromiso con las nobles causas humanas. Desde luego también con una doctrina religiosa que valide lo mejor de la buena tradición de la Compañía de Jesús: conocimiento de sí mismo, fidelidad a la iglesia, valoración del entendimiento, ubicación en la historia, oración que fundamenta la acción buscando siempre la mayor gloria de Dios. Y al decir de san Irineo, “la gloria de Dios consiste en que el ser humano tenga vida”.

 

 

Este artículo fue escrito en Catalejos. Enlace Permanente.

Una respuesta a Otro latinoamericano en la cúpula eclesial.

  1. José Fernando Tobón
    21:36 (hace 1 hora)

    para mí
    Hola, Agustín,
    excelente y oportuno el Catalejo sobre el nuevo General de los Jesuitas y sobre la Compañía.
    Un abrazo fraterno.

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