LA FECHA DE LA NAVIDAD.

Miguel de Cervantes inventó al Quijote; Daniel Defoe inventó a Robinson Crusoe; Arthur Conan Doyle inventó a Sherlock Holmes. Juan Rulfo inventó a Pedro Páramo. ¿Fue también Jesús de Nazaret, un invento de sus primeros seguidores? Porque su presencia histórica está definida por creencias religiosas.
Todo lo que sabemos de él proviene de lo que han contado sus discípulos, interesados en darlo a conocer. ¿Tiene Jesús de Nazaret existencia real o es un mito religioso?
Hay al menos un dato “neutro”, es decir de un historiador que no era cristiano y que le reconoce existencia: Flavio Josefo. Su testimonio se vuelve importante a la hora de clarificar el asunto.
Al Jesús verdadero hay que rescatarlo a través de las fuentes que están demasiado teñidas por la adhesión de sus discípulos y seguidores. Los datos que entregan los evangelios son relatos para animar la fe de las comunidades, no son crónicas históricas ni investigaciones de eruditos.
De los cuatro evangelistas solamente dos (Mateo y Lucas) hacen referencia al nacimiento de Jesús. Y en ambos se trata de una construcción catequética armada para animar la fe de las primeras comunidades.
Ningún cronista fue testigo de ese hecho. Pero se armó todo un escenario para hacer coincidir el cumplimiento de antiguas profecías: María, que es el nombre de una joven doncella, tiene un bebé al que su esposo José le pondrá el nombre de Emmanuel (“Dios con nosotros”) y que a través de su padre entronca con la dinastía del rey David.
Los relatos bíblicos presentan una serie de datos, a veces contradictorios.
Uno de estos datos es la escena del nacimiento. La devoción popular ha construido la pesebrera, un nacimiento en solitario, un anuncio alegre de ángeles, unos reyes que peregrinan desde el oriente, unos pastores y unos corderos que aportan la visión bucólica, una estrella que brila más que las otras…Y la liturgia de la iglesia le ha puesto una fecha: 25 de diciembre.
Pero Jesús ¿nació ese día? Desde luego que no. No se sabe la fecha exacta. Incluso, dada la cronología de nuestra cultura occidental, puede ser que Jesús haya nacido…¡seis o siete años antes de Cristo! El actual calendario tuvo una serie de tropiezos cuando el papa Gregorio XIII sustituyó el antiguo calendario Juliano en 1582. En esa ocasión, de un solo plumazo le quitó diez días al año y el mundo pasó del jueves 4 de octubre al viernes 15 de octubre.
Al acomodar las fechas litúrgicas, la navidad quedó establecida: se puso la fecha del 25 de diciembre ya que era la fecha de la celebración de una fiesta folklórica del imperio romano: “el día del Sol Invicto”. Se trataba de una celebración pagna que el emperador Aureliano había traído desde el Oriente.
Para los cristianos fue celebrar a Jesús como el nuevo sol invencible que derrotaba todas las tinieblas del mundo.
Desde luego esa fecha se daba de bofetadas con los datos del evangelio. A mitad de diciembre no podía haber pastores que guardaban rebaños a la intemperie (lucas 2,8) ni tampoco peregrinos que alojaran en pesebreras.
Los estudiosos aseguran que Jesús no pudo nacer en pleno invierno de Palestina.
Total, la fecha no viene a tener importancia, sino el hecho de haber nacido Jesús, El Cristo.
Han pasado más de dos mil años. Hoy día, en nuestra cristiana sociedad occidental, su nacimiento tampoco tiene importancia. La salvación no viene desde Belén, sino de China, la orientación de la sociedad mundial no viene de Nazaret sino de Washington, el futuro no está en las luchas de liberación sino en las tecnologías.
Los comercios se engalanan con luces de farándula, las familias arman pinos de plástico, la gente corre desesperada para adquirir ofertas que la endeuda por meses y meses.
La gente se abraza en las calles y se envían saludos por la navidad. Se bebe champán en las casas burguesas y vino tinto o cerveza en las proletarias.
¡Qué bueno que llegó la navidad! Papá Noel desciende con su bolsa de engañiflas, su risa de oso, su traje color de la coca-cola. Todos esperamos algún regalo.
Mientras tanto, el gran regalo que ha hecho Dios a la humanidad, Jesús el liberador, es acunado en los brazos de una mujer del pueblo, cuidado por un carpintero, olvidado entre tanta faramalla comercial.
Entonces uno toma el evangelio de Juan y lee: “Vino a los que eran suyos, y los suyos no lo recibieron”.

¿No será Jesús el gran ausente en las celebraciones de navidad en el mundo cristiano?

¿No nos pasará como a los pastores que cuidaban rebaños en la noche de Belén, que al verse iluminados tuvieron miedo? Es extraño que el primer anuncio de la liberación sea: “No tengan miedo”.

¿Nos da miedo la luz? ¿Nos da miedo la libertad? Porque la luz nos hace descubrir lo que se esconde en las oscuridades de nuestra vida personal y social. La libertad nos hace capaces de discernir y de elegir, y en esta sociedad del consumo, ya estamos acostumbrados a recibir mensajes que son como órdenes: ¡Haga esto! ¡Compre aquí! ¡No piense más!

Que al menos para nosotros la navidad sea liberación. Contra un cristiano libre nada podrán las propagandas. Para un cristiano sumiso, todas las mentiras del mundo lo tendrán como esclavo.

Elijamos bien. Feliz Navidad.

Este artículo fue escrito en Catalejos. Enlace Permanente.

2 Respuestas a LA FECHA DE LA NAVIDAD.

  1. Sergio Chacón E. dijo:

    Interesante y realista la exposición del verdadero Jesús, digo así, ya que en las catequesis insisten en la enseñanza anticuada y que cada día la destrozan las sectas contrarias al catolicismo, con antecedentes que el católico no tiene como rebatir. Debieran renovarse y hablar con la verdad, dejando de lado algunos mitos que sobreviven por catequistas que siguen la tradición. Ahora, en algunas parroquias son adornadas con elementos que incitan a imitar, dando espacio al consumismo.

  2. Francisco Sandoval dijo:

    Interesante el aporte de Flanco Josefo, primero porque no era cristiano, y cuando habla de las antigüedades judías, lo hace desde la perspectiva de un judio, segundo, porque cuando habla de Jesús lo hace en la parte donde relata las personas que le hicieron daño al judaismo, es decir, no lo hace para hacerle un favor, sino como denuncia histórica, lo que le da aún más valor, ya que lo cita sin el componente emocional o afectivo de un seguidor. Es por eso que llaman la atención ciertos agregados posteriores de cristianos piadosos que trataron de “arreglar” el relato.

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