¿Curas cansados o casados? segunda parte.

 

A la formación clerical en los seminarios, como señalamos en la primera parte, se añade la ley del celibato.

En los orígenes la razón del celibato se establece en referencia a lo sagrado. En ese pensamiento puritano y casi herético, siendo el clérigo reservado para las funciones sagradas no podría contaminarse con actos sexuales. Esta fue la razón primitiva, y ella permanece hasta hoy, aunque hayan sido agregadas otras motivaciones, como el tema económico y administrativo. Pero La base era la oposición entre sexo y sagrado.

De esta manera la separación entre clérigo y laico es mayor todavía. Pues el celibato separa de manera simbólica muy fuerte. Separa de todas las mujeres y separa de los hombres casados. Para muchos pueblos la entrada en el mundo de los adultos es el matrimonio. Sin el matrimonio el sacerdote permanece fuera del mundo. Es lo que se pretendía fortalecer.

Además de eso, el celibato da a los sacerdotes un sentimiento de superioridad moral notable. Debido a que son célibes, los curas se sienten más “santos”, más heroicos, moralmente superiores, lo que les atribuye una autoridad moral para definir los valores morales en todos los asuntos. El celibato es como la barrera que separa a los santos de los pecadores. Si el cura se reconoce pecador, es como señal de humildad, es una prueba más de su superioridad moral. No es el caso de los laicos, que son pecadores por esencia…según esa mentalidad errónea.

De ahí la convicción en el mundo popular que el matrimonio es sinónimo de pecado. Por esto los sacerdotes no se casan, cree el pueblo simple. En cuanto a los laicos, ya que son pecadores, por definición, el matrimonio es permitido, pero no deja de ser pecado también, un pecado tolerado. Esta convicción todavía puede encontrarse en el mundo popular.

Todo esto concuerda plenamente con el modelo de sacerdocio que se pretendió inculcar en el siglo XVII.

Sin embargo, una vez que nacen dudas respecto a la relevancia histórica de este modelo, todo comienza a ser cuestionado. De ahí que el sentimiento de pérdida de identidad del sacerdote se ha convertido en un problema permanente en la Iglesia de hoy.

Desde luego estas posturas prohibitivas no tienen base bíblica. Se sabe que algunos de los apóstoles eran casados. De Jesús no se dice algo al respecto, por lo que pudo o no pudo haber contraído matrimonio. Por deducciones que se pueden sacar de los relatos evangélicos, parece que Jesús tuvo una vida muy libre, muy suya, muy independiente. Los relatos apócrifos hablan de actitudes amorosas de Jesús hacia algunas mujeres. Pero todo eso no tiene importancia en la historia oficial de la redención. De todos modos lo que se sabe de Cristo, por relato de algunos de sus seguidores, se refiere a los tres últimos años de su vida. De los treinta o cuarenta años anteriores, no se dice palabra. Solamente se anota que Jesús niño, “crecía en edad , en sabiduría y en gracia, delante de Dios y de la gente”.

Por todo esto, en este tiempo en que el papa Francisco ha expresado que se puede abrir el sacerdocio a varones casados, no debe considerarse un escándalo.

Lo preocupante de este asunto es que el tema se pone sobre la mesa, no por doctrina, sino por necesidad. En entrevista con el periódico alemán Die Zeit, el Papa dijo que la falta de sacerdotes era un “enorme problema” para la Iglesia católica.

Ahí se toca el tema de fondo. ¿Por qué es un “enorme problema” en una tradición religiosa que afirma que todos sus integrantes, al ser bautizados en el nombre de la Trinidad, son también “sacerdotes”? Me parece que la respuesta es: porque un grupo especial, el clero, se ha apropiado de todo el escenario en lo que se refiere a la comunicación con lo trascendente. Y mientras más crece el clericalismo, más se reduce el sacerdocio universal de los bautizados.

Pero de este asunto hablaremos en la tercera parte. (Continuará).

 

Este artículo fue escrito en Catalejos. Enlace Permanente.

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